Marcos Rojo, el héroe inesperado

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

¡Qué hermoso que es el fútbol! ¡Qué hermoso que es el futbol! ¡Rojo! ¡Marcos Rojo! El lateral que llegó por la izquierda, el tantas veces resistido, el apuntado como uno de los más malos de un equipo de malos, como uno de esos que no se merecían vestir una camiseta con la historia que tiene la de Argentina. El que nadie quería en Brasil 2014 y luego entró al equipo ideal. “Este jamás hubiera jugado con Zanetti, con Rugeri”, se dice. Corrió como bestia para meter su pata menos hábil como el más letal de los delanteros, se transformó a pura garra en un nueve de área, un Batistuta circunstancial, comiéndose los nervios, metido en el partido como Dios en los cristianos más necesitados. Rojo, el zurdo, metió la derecha, recibió de Mercado, otro de los malos, quizás el más malo, y metió la más dura de las derechas, sin lugar para la duda, porque el mundial no es espacio para débiles. Es escenario de duros. Locura total. Faltaban menos de cinco minutos, era la instalación definitiva de los fantasmas. Las aves rapaces emprendían ya el vuelo, los picados armábamos los memes, la hoguera encendía ya el fuego, comenzaban el festín todos los que han gozado los tropiezos de “este grupo de cagones” comandados por Messi, el “más cagón”, esta generación de fracasados; pero no se esperaban, no esperábamos que Rojo y Mercado, símbolos de los malos, el rostro del fracaso que arruinó con su torpeza la fantasía del mejor del mundo -el que en Barcelona a su lado tiene a puros cracks-, iban a cerrar la boca. A todos todas las bocas. Conexión al ángulo derecho y a celebrar. Rojo, sí, Rojo. No Di María, no Higuaín, no el Kun Agüero, no Dybala. Rojo y Mercado, dos que en fútbol nacieron para vivir justificando sus presencias, siempre tan lejos de la gloria, hoy tributados por Maradona, aplaudidos al borde las lágrimas por la Pulga a la que todos vinieron a ver. “Me salvaste la vida”, quizás le dijo Messi a un Rojo al que se le desarma la cara de tanta euforia contenida ¡Qué lindo que es el fútbol! ¡Qué lindo que es el fútbol!



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