Santiago y la cordillera

por Richard Sandoval


Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Santiago es una gran ciudad pero también es un pequeño pueblo. O un pueblito gigante, el gran pueblito de Sudamérica, aislado detrás de ese monumento gris que es la cordillera, y que hoy cuando todos subimos fotos de su versión en hache dé nos recuerda que también es blanca y que su barrera es más terrible de lo que imaginábamos. Nos recuerda que somos más pequeños de lo que indicaba la memoria, y nos enrostra nuestra calidad de refugiados del continente, o de asediados en medio de horizontes que se miran hacia arriba, lejos de fronteras planas y vecinos abrazables. Es domingo y en este pueblo estamos todos frágiles. No se viene un huracán centroamericano ni está a punto de desquiciarse un volcán. Se trata solo de una lluvia que en la noche puede convertirse en nieve. Pero estamos silentes, absortos junto a una estufa, cobardes frente a la tele que te asusta con el rostro de Iván Torres y Michelle Adams, rostros portadores de verdades oficiales. Buscamos frazadas despreciadas, hacemos cola con bidones en la Copec, y pedimos recomendaciones de películas para hundirnos en camas abastecidas como trinchera de guerra. Recordamos amigos, familia, gatos, perros. Un manto de cariño imaginario y tal vez ficticio nos cubre a la media tarde. Todo está exagerado. Y la culpa es de la cordillera, monstruo inerte que amenaza con su sombra, jugando siniestra con el temor que nos enfría, un temor a mañana estar más solos y apartados -verdad que hemos vuelto a ratificar- que como despertamos este mediodía, aplastados por las fotos de las cumbres afiladas. Cumbres que son tendencia en las redes y en la villa. No se va a acabar el mundo, probablemente muera nadie, pero Dios quiera que suspendan clases y trabajos en este pueblo detenido. Y que la tristeza nos pille confesados.



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