Un país gobernado en la sobremesa del domingo

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Un familiar bueno para la pega todos tenemos. Un primo, un tío, un hijo idóneo para el cargo, sí puede elegirse como el hombre o mujer al mando de un trabajo del que eres responsable. Se conocen sus habilidades, hay confianza y sintonía en la forma de pensar, de actuar. El trabajo puede salir mejor con esa persona, más rápido y preciso. Pero cuando el trabajo no es un emprendimiento, no es de riesgo y éxito personal, familiar; cuando ese trabajo es político, es de representación de contribuyentes, de votantes que esperan lo mejor de ti y tus elecciones, cuando el trabajo se paga con el dinero de todos, cuando los sueldos son de cuatro, cinco, siete millones por hacer tareas donde lo que más prima es la fe en el talento del otro, la contratación de ese familiar se vuelve sensible y peligrosa. Casi una trampa que puede perjudicar todo un proceso en marcha -como ya le pasó a Bachelet con Dávalos, nombrado por el sólo hecho de ser hijo, sin ningún mérito adicional-. Porque claro, hay más sospechas, y es obvio, así tiene que ser: todos podemos y debemos sospechar y decir ¿Por qué el ministro Chadwick privilegia a su hijo, por qué el Presidente Piñera privilegia al hijo de su primo, para coordinar el cambio de mando por 3 millones 333 mil desde enero a marzo de este año? ¿Y por qué después a ese mismo familiar directo, a ese que vieron crecer desde chiquitito junto al poder, lo premian, lo agasajan con un sueldo de 5 millones y medio al nombrarlo jefe de la producción de la agenda del tío Sebastián? Un profesional de su área, con mejores pergaminos y curriculum, por supuesto que tiene que preguntarse ¿No estoy yo más capacitado? ¿Hay verdadero mérito en la designación de un trabajo con sueldo millonario o es un favor que le están haciendo por llevar la sangre que lleva? ¿Es eso justo? Y claro, no sería un problema mayor hacer un favor a un familiar si no se tratara de platas que salen del Fisco, platas que todos ayudamos a juntar para que después la gocen sólo un grupito de familias. Porque eso parecen hoy los cargos de la reparticiones del Estado, una fiesta para la que todos ponemos la cuota pero a la que sólo están invitadas un grupito de familias, las que se juntan los domingos en el club, las que han vacacionado toda la vida. Y digo familias porque el hijo de Chadwick no es el único que llega a su casa con una liquidación de sueldo de Gobierno. En la misma Moneda trabaja su esposa, Josefa, como asesora digital, con un sueldo de cuatro millones. Da para preguntarse ¿De qué se trata esto? ¿De avisar a los chiquillos que ganamos el gobierno y que es turno de que se vengan todos los parientes a aprovechar la captura del Estado? ¿De avisar a tu primo sin pega que se abrió un cupito y que por qué no lo toma, aunque no tenga idea muchas veces del área al que se está acercando?

Ahora, si en lugar de un familiar, en esa empresa que no es de tu familia contratas a 18 personas, como es el caso de los familiares de parlamentarios y autoridades de gobierno que trabajan en los diferentes ministerios, el peligro pasa a ser derechamente una grosería, y el valor del mérito una falacia. Un ejemplo supremo de la definición de nepotismo. Porque se puede entender el mérito de uno u otro profesional, pero cuando son 18 se da la señal de que el gobierno es una bolsa de trabajo destinada a sólo unos pocos privilegiados, a los que la divina providencia los ubicó en el seno del poder económico y político. Y esa bolsa de trabajo hoy, en este gobierno, ni en los anteriores de la Nueva Mayoría y la Concertación, no ha tenido límite. El hermano de Luciano Cruz-Coke, la prima de Nicolás Monckeberg, el sobrino de Juan Andrés Fontaine, la hija de Carmen Ibañez, el hijo de Luis Larraín, los hijos de Gabriel Ruiz-Tagle, Pauline Kantor, Raúl Torrealba. El hermano de Jaime Bellolio, la prima de Gustavo Hasbún, el hijo de Juan Antonio Coloma, de Pablo Longueira. El yerno de Cristián Larroulet, la cuñada de Pablo Terrazas, la hermana de Pepa Hoffmann, y más. Todos ellos están instalados en el gobierno, muchos son familiares entre sí, en cruces curiosos y desconocidos que reflejan el espacio mínimo de influencia social en que se toman las decisiones sobre el futuro de este país. Y es allí en donde está lo más preocupante e impresentable de este nepotismo sin límites, más allá del peligro de entregar un trabajo relevante a un familiar “a lo compadre” -con todas las ventajas que ello otorga al beneficiado en el cargo-: en que la ausencia de diversidad de representación en el poder termina entregando tanta preponderancia a la elite recrudecida, que el futuro de una Ley, una ley que puede afectar la vida o muerte de muchas personas, puede zanjarse en la sobremesa del domingo donde se pueden juntar fácil los asesores claves de tres o cuatro ministerios a tomar un pisco sour. O en un carrete, o en un auto de vuelta de un partido de fútbol. En la intimidad de afectos y roces que son las familias y sus amistades; y lejos, muy lejos, de los millones de apellidos diferentes, colores y diversos territorios más allá de Vitacura y Las Condes que te eligieron para que los hagas surgir; más allá de la República del nepotismo que beneficia a los nacidos en cuna de oro.



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